20 Abril 2021

Cuando la comunicación digital se encuentra con el yoga: la historia de Giulia Matteucci

Nacida en 1980, licenciada en filosofía y con una pasión innata por la escritura, Giulia Matteucci trabaja en Mashfrog Group desde julio de 2018 como «senior digital media communication» y lleva en el mundo de la comunicación más de trece años.

Más o menos el mismo tiempo que ha dedicado a descubrir y practicar su mayor pasión: el yoga. Hemos conversado con ella sobre esto para saber si se trata de una mera coincidencia o si efectivamente esta disciplina la ha ayudado a gestionar el estrés y los ritmos de trabajo propios de un profesional de la comunicación.

¿Cómo empezaste a practicar yoga? 

«He hecho deporte desde que era pequeña y no recuerdo ningún periodo de mi vida de estudiante o como trabajadora en que no haya dedicado unas horas semanales al ejercicio físico. Empecé con la gimnasia artística, luego me pasé a la danza y por último conocí el yoga. Mi primera clase fue hace ya diez años: empecé casi por casualidad, aunque hacía tiempo que tenía curiosidad por esta disciplina y su filosofía, y desde entonces no he parado de practicarla».

¿Qué te gusta tanto de esta disciplina?

«Año a año he ido descubriendo una cultura compleja y riquísima que, por medio de técnicas de ejercicio físico sutiles y profundas, promueve el desarrollo integral de la persona, orientado al autoconocimiento y a la potenciación de las propias competencias (cognitivas, emocionales y relacionales). En los últimos diez años, en Italia, las escuelas, los profesores y las ocasiones para aproximarse al yoga y empezar a practicarlo se han multiplicado exponencialmente, ya no hay ningún gimnasio que no incluya en su programación al menos un curso de yoga. Considero que todo ello ha tenido un efecto positivo en el gran aumento del conocimiento y la accesibilidad del yoga; sin embargo, como suele suceder, este incremento de 'popularidad' también ha favorecido la aparición de lugares de menor nivel, malentendidos y visiones reduccionistas. Lo que estoy aprendiendo año a año es que la práctica del yoga no termina cuando sales de clase, sino que influye en nuestros comportamientos, en la manera en que nos relacionamos con los demás y en el entorno en que vivimos, en los objetivos que perseguimos y en la manera en que tratamos de lograrlos».